
1
La vitalidad creativa del tonto radica en la particular perspectiva que tiene
del universo. El tonto, como su definición lo refiere, no tiene la razón, ese
camino recto, duro y limitado por el que tanto se pelea, incluso hasta la
muerte. El tonto, contrario a esto, tiene todas las posibilidades abiertas.
Esto hace al tonto un ser de espíritu errante; un explorador, un peregrino.
Muchas genialidades y grandes inventos han resultado de algo que en su momento
pudo calificarse como una tontería: volar, la vida en otros planetas, o libros
como Moby
Dick, donde un hombre decide internarse en el océano, en busca
de un enfrentamiento que le es imposible de ganar. Para muchos, esto último,
una metáfora de la búsqueda de Dios.
2
En un diccionario podemos encontrar que la palabra tonto se relaciona con la
palabra ingenuo. Y si buscamos ahora en el mismo diccionario la palabra
ingenuo, podremos encontrar una acepción que refiere a que un ingenuo es
alguien que cree en tonterías. El extraño escritor ítalo-argentino Antonio
Porchia, en su único libro Voces, escribe: un poco de ingenuidad nunca se aparta de
mí. Y es ella la que me protege.
3
Pequeña lista de grandes tontos. O bien, pequeña lista de personas ingenuas. O
bien, una pequeña muestra de tonterías:
Moisés, que dijo síganme,
pensando que podía atravesar el mar con sus pasos.
Sor Juana, quien escribió un
poema mezclando ciencia, filosofía, literatura, con un lenguaje, para muchos,
inentendible.
Ulises, que se perdió por el
mundo helénico hasta envejecer.
Sócrates, quien fue Sócrates.
María Telkes, a quien se le
ocurrió que la luz solar podía ser contenida.
Los hermanos Wrigth, quienes
invirtieron años en intentar que un aeroplano volara por doce segundos.
4
Pero no romanticemos lo tonto. No han sido las tonterías únicamente ideas, productos y
aventuras que han desafiado, de forma admirable, a la sociedad y a su lógica.
También existen tontos deplorables. Un gran ejemplo de esto fue Hitler. Y una
muestra contemporánea, todos los estadounidenses que votaron por uno de los tontos
más grandes que han llegado a una presidencia, Donald Trump. La tontería,
entonces, es una fuerza que, así como puede servir para la creación de nuevo
conocimiento, para retar formas del pensamiento establecidas y abrir nuevos
caminos, también puede ser un arma de aniquilación. Otro gran tonto que inventó
una gran tontería fue Julius Robert Oppenheimer, arquitecto de la bomba
atómica.