a mi pez le puse
el nombre de una mañana
hace dos
décadas el cielo aún era oscuro
me despertó el
grito de alguien
que advertía un
incendio
no recuerdo el
calor sí el aleteo
de las llamas toda
la ciudad
se convirtió en
antorcha
de mis
pertenencias sobrevivió
el ánimo por
caminatas inútiles
dar con países
extraños
callar en lenguas
¿qué puerto espera
y olvida
su armadura de
plata?
¿en cuántos buques
hundidos
habrá sido feliz?
¿sabe que existe
un vacío
nombrado tierra
firme?
hoy mi pez nada en
círculos
como si fuera un
perseguidor
o un perseguido todos
los días
lo observo a
la misma
hora detrás
del vidrio
en esta tienda de
acuario
antes de volver al
día siguiente
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